Cada quién tuvo su propia historia de la cuál es protagonista.  Lamentablemente, hoy todavía hay personas que siguen afectadas. Se refieren anécdotas de gran incertidumbre, ansiedad, frustración e incluso miedo. Es un viaje a lo primitivo. Algunos, narran experiencias que bien califican como de supervivencia, sin agua y sin luz por más de 100 horas continuas. Resiliencia al máximo.

La pregunta de la evolución… ¿y qué aprendimos? ¿qué podemos hacer para aligerar el malestar? ¿cuáles medidas sí podemos tomar para facilitar el tránsito por la adversidad?

Hay aprendizajes que debemos rescatar como nación: la importancia del bienestar común por encima del individual, el compromiso moral que acompaña el oficio que cada quien desempeña, el valor de las medidas de mantenimiento y de gestión de riesgos, el impacto positivo de contar con especialistas y conocedores en el área, entre muchos otros.

Otros hallazgos más cotidianos como lo vital de cumplir con las medidas preventivas ante apagones (tener reservadas velas, fósforos y yesqueros, agua, medicinas básicas, radio transmisor con sus pilas, alimentos no perecederos, etc.) y otros como la manera de preservar alimentos sin refrigeración e incluso, nuevos lugares dónde resolver la obtención de agua, cómo almacenarla y preservarla.

¿Y en lo personal?

  1. Ampliar los recursos internos. 
  • Aceptar que es una situación difícil y nos tocará transitarla. Identificar experiencias de adversidad que hemos podido resolver en nuestro pasado y otorgarnos el poder nosotros mismos (empoderizarnos). Hay que crecer hacia adentro.
  • Buscar contactar con lo mejor de cada uno de nosotros para surfear la adversidad y evitar los revolcones de ola emocional. Anticipar que cada quien está en su proceso y manifiestan el estrés de distintas maneras. No engancharse y dejar fluir. Brindar comprensión a quienes nos rodean y con quienes interactuamos.
  • Hacernos las víctimas no nos ayudará a resolver ni mejorará nuestra percepción. Respirar profundo y concentrarse en soluciones.
  • Agradecer. Este es el recurso más valioso para el bienestar. Identificar oportunidades en el marco de la adversidad. Aunque parezca imposible o suene fuera de lugar, verle el lado bueno a lo malo, sin justificarlo.
  • Distraerse. Garantizar momentos de descanso y de renovación para poder atender las necesidades de manera efectiva. Dosificar las noticias sin dejar de mantenerse al tanto de las circunstancias.
  1.   Conectarse con la solidaridad y activar la red de apoyo.
  • Tener claridad de cuáles son los familiares, vecinos y amigos que puedan estar en nuestra red de apoyo.
  • Ayudar a los demás en todo lo que nos sea posible sin afectar nuestra seguridad.
  • Estudiar en qué necesitamos ayuda y si es realmente factible que los integrantes de nuestra red nos la puedan brindar. Gestionar con tolerancia y preparados a que quizás no podamos obtener la ayuda de inmediato. La peor diligencia es la que no se hace.
  1. Identificar los aprendizajes.
  • Estar preparados para el siguiente episodio. Determinar con precisión cuáles aspectos podemos resolver de manera anticipada. Investigar, asesorarse y actuar.

Crecer con las situaciones que se nos presentan deja de ser opcional. Lamentarnos y sentirnos mal puede ser algo momentáneo como parte de aceptar que nos toca una situación difícil. Podemos darle paso a una emocionalidad más positiva y procurar sentirnos orgullosos y fortalecidos de que nos hemos enfocado constructivamente en las soluciones.

 

 

“No sabes lo fuerte que eres hasta que ser fuerte es tu única opción”. 

  -Bob Marley-.